Las tartas saladas me parecen muy buena opción para solucionar una comida o una cena. Son sencillas, vistosas y muy versátiles por la variedad de rellenos. Este pastel de calabacín con jamón y queso suele gustar a todo el mundo. La combinación de calabacín, jamón cocido y queso da siempre buen resultado. El relleno queda muy suave y como además todos los ingredientes se preparan en crudo apenas requiere trabajo. Se puede servir fría o caliente, por lo que es ideal cuando necesitamos dejar preparada la comida con antelación.
Este tipo de tartas saladas casi puede considerarse como una quiché sin masa. De hecho muchas veces se presentan las recetas con este nombre. Hace unos meses publiqué esta quiche de calabacín y jamón, que además de estar buenísima tiene un aspecto impresionante. Este pastel de calabacín con jamón y queso casi puede considerarse como una versión simplificada de la quiché, sin masa y con un relleno similar (la quiché lleva queso rallado en la masa), aunque colocado de forma mucho más simple en el caso del pastel, lo que lo convierte en una versión muy rápida de preparar.
Para preparar este pastel de calabacín con jamón y queso se colocan en una fuente de horno capas de rodajas de calabacín, jamón cocido y rodajas de mozarella. Sobre este conjunto se vierte una mezcla de leche y huevos que al cuajar dará consistencia al pastel y una textura muy cremosa. Finalmente la superficie se espolvorea con queso rallado en abundancia que formará una costra tostada y crujiente en el horno.
Yo corto el calabacín en rodajas finas. También se podría cortar en cuadritos, pero me parece que queda más vistoso en rodajas y me da la impresión de que se hornea mejor. Lo corto siempre con piel. La piel del calabacín es comestible y al cocinar se queda blandita y con una textura muy agradable para comer. Además en platos como este el borde oscuro con piel queda mucho más vistoso.
Si tenemos tiempo es buena idea espolvorear las rodajas de calabacín con un poquito de sal y dejarlas en reposo un par de horas para que suelten parte del agua que contienen.
El calabacin tiene mucha agua, mejor dicho, es casi todo agua. Si lo salamos y dejamos reposar un rato soltará parte de ese agua y el relleno quedará más denso y sabroso. Además cuajará mejor, al cocinarse los calabacines soltarán el líquido que contienen, todo el agua que hayamos eliminemos previamente no pasará al relleno.
Me gusta preparar este tipo de tartas saladas en una fuente de horno cuadrada para que no queden muy altas, así cuajan mejor. Normalmente uso una de 20x20 centímetros. También se puede preparar en un molde alargado de los que se usan para el plum cake y servir cortado en rodajas.
No suelo desmoldar nunca este tipo de tartas saladas, lo corto y sirvo directamente desde la fuente de horno. Me gusta mucho usar fuentes de cerámica o pyrex, que se pueden llevar directamente a la mesa.
Una de las grandes ventajas de este tipo de pasteles salados es que están muy ricos tanto calientes como fríos. Calentitos, recién sacados del horno, están muy ricos, pero están también buenísimos fríos. Eso hace que sean ideales para dejar preparada con antelación una comida o cena.
- 6 personas.
- Un calabación grandecito (500-600 gramos más o menos).
- 125 gramos de jamón cocido.
- 125 gramos de queso mozarella (una bola). Se puede usar cualquier otro queso que funda bien.
- 3 huevos grandes.
- 150 ml. de leche.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Sal.
- Pimienta negra molida.
- Nuez moscada.
- Queso rallado (parmesano o Emmental).
Lavar el calabacín y secarlo.
Despuntar el calabacín y cortarlo en rodajas más bien finitas. Yo no lo pelo nunca. Al cocinarlo la piel queda blandita y con una textura muy agradable.
Poner las rodajas de calabacín en un escurreverduras, espolvorear con un poco de sal y mover para que se distribuya por toda la verdura.
Dejar reposar un par de horas para que suelte parte del agua.
Este paso no es imprescindible, pero sí muy aconsejable. Todo el agua que eliminemos en este paso es agua que no va al pastel.
Secar un poco las rodajas de calabacín con papel de cocina. No hace falta que sea muy concienzudo. Yo pongo papel sobre la tabla de partir, las extiendo encima sin apilarlas mucho y paso otro papel por encima.
Partir el jamón cocido en cuadritos pequeños.
Partir la bola de mozarella en láminas. También se puede rallar, pero a mi me parece que arma más jaleo.
Poner un poco de aceite en la fuente de horno que vayamos a usar. Yo empleo una de cristal de 20x20 centímetros.
Colocar en el fondo de la fuente un tercio de las rodajas de calabacín más o menos. No hace falta colocarlas muy ordenadas, basta con intentar que quede una capa uniforme y no queden muchos huecos.
Repartir la mitad del jamón cocido sobre el calabacín.
Colocar la mitad del queso mozarella en láminas o rallado.
Repetir el proceso, colocando una segunda capa con un tercio de rodajas de calabacín, el resto del jamón cocido y el queso mozarella.
Al añadir capas hay que procurar que la altura quede uniforme, yo tengo tendencia a dejar siempre más alto el centro.
Colocar por último la tercera capa de calabacín. Como es la última la colocaremos un poco más ordenada. Yo selecciono al principio las rodajas de calabacín con mejor pinta para colocarlas en la capa superior.
Cascar en un bol los huevos y batirlos como para tortilla.
Añadir la leche, sal, pimienta negra molida y nuez moscada al gusto.
Remover para mezclarlo bien.
Verter la mezcla de leche y huevos en la fuente.
Espolvorear queso rallado en abundancia en la superficie.
Mientras montamos el pastel precalentar el horno a 185 grados.
Poner el molde o fuente con el pastel en la parte central del horno. Necesitará unos 40-45 minutos de cocción.
Encender el gratinador los 5 últimos minutos para que se dore bien la superficie.
Sacar el molde del horno y dejar reposar 10 minutos.
Si se desea se puede desmoldar y pasar a un plato de servir.
Servir cortado en porciones.
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