Me gustan todas las frutas desecadas en general, pero últimamente me he aficionado a los arándanos secos. Tienen un puntito ácido que acompañado del dulzor habitual de este tipo de frutas los hace totalmente adictivos, empiezas a comer y no puedes parar. Su color rojo brillante es muy vistoso, lo que acompañado de su fantástico sabor los convierte en un ingrediente perfecto para todo tipo de recetas de repostería, como estas riquísimas galletas de arándanos y naranja, unas fabulosas galletas de mantequilla con arándanos secos y naranja en la masa con las que deleitarnos a la hora del café.
Estas galletas de arándanos y naranja son básicamente unas galletas de mantequilla a las que añadimos ralladura de naranja y un poco de zumo de naranja y una buena cantidad de arándanos secos troceados. La base lleva una muy generosa cantidad de mantequilla, sin ningún tipo de añadido salen ya unas galletas deliciosas, con un sabor fantástico y la textura arenosa y suelta habitual de las galletas con mucha mantequilla. Es una base muy versátil que con pequeñas variaciones nos permite preparar una gran variedad de pastas.
Sobre esta base de masa de mantequilla se añade tanto ralladura como un poco de zumo de naranja y arándanos secos, muchos arándanos secos. Estos añadidos dan a las galletas un toque cítrico muy fresco y un aspecto muy atractivo, con trocitos de arándano con su color rojo brillante y pequeñas motitas naranjas de la ralladura.
Antes de añadir los arándanos secos a la masa los pico para hacerlos trocitos muy pequeños. Así es más cómodo formar y cortar las galletas y al ser más pequeños los trocitos se distribuyen mejor. Los corto con la picadora, la que se acciona con el motor de la batidora, pero si no tenemos se pueden picar sobre la tabla de cortar con un cuchillo.
Para cortar las galletas se forman cilindros de masa que se dejan en la nevera hasta que se endurezcan y luego se cortan en rodajas, casi como si se tratara de un embutido. Es una técnica que funciona muy bien con masas como esta que tienen un elevado porcentaje de mantequilla, por lo que al enfriarse en la nevera se endurecen y eso permite manejarlas con mucha facilidad. Con esta técnica se obtienen galletas redonditas (más bien casi redonditas), un poco más toscas e imperfectas que las que se obtienen si extendemos la masa con el rodillo y la cortamos, pero con mucho menos esfuerzo. Es una técnica comodísima y muy rápida. La masa necesita luego un buen rato de reposo en la nevera, pero el formado es muy rápido y limpio.
Las galletas también pueden formarse empleando el método clásico de extender la masa con el rodillo. En este caso extenderemos la masa hasta que tenga entre 8 milímetros y un centímetro de grosor. A continuación se cortan galletas de la forma deseada. La masa sobrante se recoge y se vuelve a extender, refrigerándola unos minutos si fuera necesario. Antes de extender la masa es necesario dejarla reposar en la nevera al menos un par de horas (yo prefiero dejarla toda la noche), para que se enfríe y endurezca. Esto nos permitirá extenderla con facilidad, sin que se peque demasiado y también ayuda a que las galletas mantengan la forma en el horno.
Con las cantidades de la receta se obtienen entre 44 y 48 galletas de unos 4 centímetros de diámetro.
Si no queremos hacer tantas galletas de una vez podemos congelar parte de la masa. Una vez que hemos formado los rollitos de masa y se han endurecido en la nevera pondremos los rollos que no vayamos a hornear en el congelador, en una bolsa de congelación que cierre bien. Cuando queremos hornearlas bastará con pasarlos a la nevera hasta que se descongelen lo suficiente para poder cortarlos. Pueden hornearse sin necesidad de que se descongelen del todo, de hecho les va muy bien para mantener la forma, pero en este caso puede que necesiten un minuto o dos más de horno.
- 44-48 galletas.
- 150 gramos de mantequilla a temperatura ambiente.
- 250 gramos de harina.
- 100 gramos de azúcar.
- 1 huevo.
- 100 gramos arándanos secos.
- 2 cucharadas zumo de naranja.
- 1 cucharada ralladura de naranja (la ralladura de una naranja).
- Un pellizco de sal.
Sacar la mantequilla de la nevera con varias horas de antelación para que esté blandita (pero no fundida) al empezar a preparar la masa.
Poner los arándanos secos en un procesador de alimentos y picarlos hasta que queden hechos trozos pequeñitos.
El siguiente paso es opcional pero ayuda a extraer todo el aroma de las pieles de los cítricos.
Poner en un bol el azúcar y la ralladura de naranja. Frotar con los dedos el azúcar y la ralladura de forma repetida, hasta que el azúcar quede teñido de naranja. Al frotar el azúcar y la ralladura ayudamos a liberar los aceite que contiene la ralladura y conseguiremos que aporte mucho más aroma.
Poner en un bol la mantequilla, que estará blandita, y el azúcar.
Batir con unas varillas, mejor si son eléctricas, hasta que esté cremoso.
Añadir el huevo y continuar batiendo hasta que esté perfectamente integrado.
Recordad que siempre que elaboramos estas preparaciones con mantequilla el huevo deberá estar a temperatura ambiente (a la misma temperatura que la mantequilla) para evitar que esta se corte, lo que nos obligaría a batir un buen rato hasta conseguir que recobre una textura lisa y sin grumos.
Añadir el zumo de naranja, un pellizco de sal y la ralladura si nos hemos saltado el primer paso.
Batir hasta integrarlo completamente.
Añadir la harina y mezclar bien con una cuchara o una espátula hasta que esté integrada toda la harina.
Incorporar los arándanos y mezclar bien hasta que estén distribuidos de forma homogénea.
A continuación vamos a dar a la masa forma de cilindro.
Hay unos 700 gramos de masa. Yo suelo dividir la masa en 4 partes de unos 175 gramos y hacer 4 cilindros cortitos. También se puede dividir en dos mitades de unos 350 gramos cada una.
Poner una lámina de film de cocina sobre la encimera.
Colocar sobre la lámina la cantidad de masa que vamos a usar para hacer un rollito, 175 gramos si hacemos 4 o 350 gramos si hacemos 2 cilindros.
Darle aproximadamente forma de cilindro de unos 4 centímetros de diámetro. Si hacemos 4 rollitos medirá unos 11 centímetros, alrededor de 22 si solo hacemos 2.
Envolver la masa con el film de cocina, ayudándonos del propio film para acabar de darle forma uniforme. Una vez que esté bien envuelto se puede hacer rodar sobre la encimera para alisarlo. No os olvidéis de aplanar bien los extremos.
Enrollar bien los extremos sobrantes del film de cocina y doblarlo debajo de la masa.
Continuar formando cilindros con el resto de la masa.
Al meterlos en la nevera se suele aplanar un poco la parte de abajo. Para evitarlo lo que hago es guardar algún tubo de los que vienen en el interior de los rollos de papel de cocina, los abro a lo largo y pongo los cilindros de masa dentro, la curvatura del tubo ayuda a que no se aplanen.
Poner los cilindros de masa en la nevera al menos una hora, aunque yo prefiero dejarlos toda la noche.
Precalentar el horno a 180 grados.
Colocar una hoja de papel antiadherente sobre una bandeja de horno.
Sacar los cilindros de masa de la nevera.
Retirar el film de cocina y colocar un cilindro sobre la tabla de cortar.
Con un cuchillo afilado cortar rodajas de alrededor de un centímetro de grueso. De los cilindros pequeños salen 11 o 12. Si solo hemos hecho 2 cilindros saldrán de cada uno entre 22 y 24 discos.
Colocar los discos de masa ordenados sobre la bandeja, un poco separados. En cada bandeja caben bien unas 24 galletas, por lo que necesitaremos 2 tandas.
Colocar la bandeja en la parte central del horno.
Hornear durante 12-15 minutos, hasta que comiencen a dorarse en el borde. No debería dorarse la galleta completa porque entonces quedan duras. En mi horno han necesitado 15 minutos.
Sacar la bandeja del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.
Cortar y hornear de la misma forma el resto de la masa.
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